jueves, 20 de agosto de 2009

Capítulo 1 : Bienvenidos

Y en ese momento sonó aquel terrible sonido que odiaban todos y cada uno de las personas, más aún los estudiantes. Sonó el despertador. Charlie soltó un leve gruñido debajo de su almohada. Estaba tumbado en la cama, destapado, sin camiseta y con los vaqueros y las zapatillas del día anterior (o mejor dicho, de aquel día a la madrugada) que no se quitó. Se levantó poco a poco con desgana de la cama. Sin llegar a ponerse recto, se volvió a echar encima.
John se desesperaba. Subió a gran velocidad las escaleras hacia la habitación de su hijo. Aporreó sonoramente la puerta.
- ¡Charlie, levántate ya! –rugió desde fuera. Charlie no emitió sonido alguno.
Volvió a aporrear la puerta otra vez. Llegaban tarde. Marie subió las escaleras para ver de dónde venía el barullo. La hermana menor de Charlie, aun con la tostada en la boca, miró a su padre en pleno estado de furia.
- Tranquilízate papá, -dijo la niña tocándole el brazo para que se calmara – yo me encargo.
John miró a Marie. Aun teniendo 11 años la niña era más madura que su padre. Marie abrió poco a poco la puerta y se adentró en el desorden y la suciedad de la habitación de su hermano. Se tapó la nariz con teatralidad y se acercó a la cama de Charlie. Él seguía roncando.
Marie miró a su alrededor y tuvo una idea. Cogió el vaso que había en la mesilla de noche de Charlie y se lo tiró por la cabeza. Charlie se levantó desconcertado y asustado y descubrió que su hermana estaba delante suya, con una sonrisa de satisfacción.
- Venga que ya es tarde. –Dijo mientras se giraba a la puerta y sonreía a su padre con éxito.

Charlie salió por la puerta con una tostada en la boca. Se despidió de su familia con un desganado movimiento de su mano. Su padre llevaba a Marie al colegio con el coche. Marie había bajado la ventanilla y había sacado la cabeza. Su fino y ondulado pelo color caramelo se movía al son del viento. Su padre también bajó la ventanilla y aspiró el aire de fuera. Su pelo, en cambio era negro como el carbón, como el de su hijo.

Charlie aligeró un poco más el paso. No quería llegar tarde el primer día y que los profesores le tuvieran manía, como le pasó el año anterior. Este año tenía que sacar mejores notas, no quería quedarse sin poder jugar en el equipo de fútbol. Recordó las palabras de su padre: “si no sacas al menos un 7, no jugarás más al fútbol, ¿queda claro?”. Suspiró ante el recuerdo. Su padre no era duro ni malvado, pero si lo pillabas en mal día te podía castigar incluso 3 meses por una tontería. Zarandeó su cabeza, no se tenía que preocupar. Sólo tenía que estudiar un poco más y ya está, podría seguir saliendo con sus amigos.
Ya se acercaba al instituto, empezaba a ver caras conocidas y desconocidas. Algunos chicos le saludaban, algunas chicas le miraban con ojos expectantes y otros, sencillamente, le ignoraban, eso era lo que tenía ser el capitán del equipo de fútbol.
Vio a Dean, uno de sus mejores amigos, dirigirse a él corriendo. Le saludó y se dieron un abrazo, hacía semanas que no se veían.
- ¿Qué tal las vacaciones, tío? –Dijo dándole un codazo en el estómago- ¿has conocido alguna tía en Inglaterra? Charlie le dio un pequeño puñetazo en el hombro. Dean sabía muy bien el éxito que tenía Charlie con las chicas, era alto, fuerte, guapo y tenía unos ojos azules que destacaban mucho con el color oscuro de su pelo. Aunque, Dean tampoco se quedaba atrás, era algo más musculoso que Charlie y más bajo, pero era realmente guapo a la vista de cualquier chica. Los dos amigos se dirigieron al instituto contándose las cosas que habían ocurrido el tiempo que no se habían visto y preguntándose. La mayoría de preguntas eran inocentes o divertidas, pero uno de ellas descolocó a Charlie.
- ¿Y... qué tal tu madre? –preguntó Dean con un simple susurro. Rápidamente, Dean cambió de tema para que no contestara.- Mira, ya casi hemos llegado... es una mierda volver al instituto, ¿verdad?
Charlie sonrió ante la atención de su amigo. Hubo un silencio incómodo que duró unos segundos, era como la calma antes de la tormenta... en ese momento, apareció la persona con la que Charlie no quería encontrarse.
- ¡Mierda! –gritó.
- ¿Qué ocurre? –preguntó Dean mirando a todos lados. Cuando sus ojos la encontraron, tiró de Charlie y lo llevó a unos matorrales.
Detrás de los matorrales estaban escondidos los dos amigos, mientras una chica de figura esbelta y rubia pasaba enfrente de ellos...
- Uff... menos mal que no te ha visto. –suspiró Dean y se relajó.- ¿Crees que se habrá olvidado?
- Pues... no creo, las exnovias son muy rencorosas, y más aun Violet.
Los dos chicos se levantaron y se limpiaron los pantalones. Una voz les sorprendió desde atrás.
- ¿Qué hacíais los dos en esos matorrales? –preguntó una voz masculina. Charlie se tiró al suelo del alivio.
- Tío, Mike, menos mal que eres tú.
- Sí, menos mal que no era Violet, ¿eh? He visto como os escondíais de ella.
- Sí... y sobre lo de Violet... ¿sigue enfadada? –preguntó Charlie. Mike era el hermanastro de Violet. No se llevaban muy bien, él pensaba que era una creída estirada, y tenía razón.
Mike era también miembro del equipo de fútbol, concretamente el portero. Tenía el pelo castaño y de punta y como sus amigos, atraía a muchas chicas.
- Intenta disimularlo, pero está más que furiosa.
Dean y Mike ayudaron a Charlie a levantarse.

Ya había mucha gente en el West High. Los alumnos se reunían en grupos y charlaban animadamente antes de que tocara la campana para que todos entraran y comenzara el primera día de clase. Los tres amigos pasaron por miradas, saludos y griteríos. Los tres miembros del equipo de fútbol, fuertes y guapos. El capitán se dio cuenta de una cosa. Allí, entre el barullo de gente había una chica, estaba sola y apartada de los demás. No le sonaba de nada, ¿sería una alumna nueva?
Le entró un cosquilleó por la columna vertebral.
- ¿Quién es esa? –le preguntó a sus amigos, señalándola.

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